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Nevados de Sollipulli, Mayo 2018

Relato: Elías Vilches

La reunión fue en el lugar “de siempre” (eso es lo que he escuchado, pero yo no he estado aquí desde “siempre” para asegurarlo con certeza): estación de servicio ubicada en Av. Alemania, frente al Museo Regional.

Quienes acudimos al llamado fueron los futuros nuevos integrantes Andrés Curilén y Bastián Osses, y los (no tan nuevos) integrantes Andrés Huirilef, Pablo Heuser (que actuó como jefe de salida) y este humilde servidor.

Abandonamos el lugar de encuentro algunos minutos después de las 07:00, los cinco personajes en un solo auto, el de Pablo.

Desde Temuco nos dirigimos a nuestro destino, con una breve escala en Cunco, para comprar uno que otro fruto seco; y luego en Melipeuco, para dejar en Carabineros la nómina de personas que íbamos a ingresar al complejo natural.

Todo el camino estuvo completamente libre de inconvenientes, aunque lleno de conversaciones gratas y buen ambiente.

Al Sector Nevados de Sollipulli, perteneciente a la Reserva Nacional Villarrica, llegamos poco después de las 10:00. Preparamos todo lo necesario para la caminata y emprendimos el rumbo.

Comenzamos el camino atravesando un vivaz bosque nativo que nos recibe en el ascenso a los nevados (¿qué mejor que darnos la bienvenida con esta “alfombra verde”?). Luego de avanzar por un tiempo, comenzamos a dejar atrás los árboles, y la maravillosa vista de los cerros nos deleita (como si ya no hubiera sido suficiente con el bosque mismo). El paisaje, nevado, contrastado con el cielo prácticamente despejado, nos da indicios de cómo se llevaría a cabo la jornada: sin ningún contratiempo y con el trayecto a nuestra merced.

Al salir del bosque, procedimos a ascender sin los árboles cubriendo nuestras cabezas de la luz del sol, pero permitiéndonos contemplar los alrededores de manera panorámica, de tal manera que a medida que subíamos podíamos ir apreciando la majestuosidad del paisaje circundante: hacia adelante, el Sollipulli, el volcán Llaima a nuestras espaldas.

Después de haber ascendido por un tiempo considerable, a medio camino, en una hondonada, paramos brevemente para comer y, mientras tanto, compartimos vivencias y tips para la montaña (y para la vida. Fue una tarde muy educativa, a todo esto).

Aquí, en el momento en que almorzábamos, paró a saludar un personaje singular: un joven que sólo ascendía con un buzo, su chaqueta y un palo que usaba como bastón. Luego siguió su camino, dejándonos lanzando teorías del origen de este ser humano.

Habiendo terminado de echar nutrientes al cuerpo, nos encaminamos a la cima, a paso firme (tal vez no rápido, pero sí constante, y eso nos permitió mantener un ritmo tranquilo y caminar sin contratiempos).

Finalmente, logramos llegar a nuestro destino a eso de las 15:00. Al estar los cinco compañeros en el borde , observando el glaciar, nos dimos el respectivo abrazo cumbrero y nos dedicamos a capturar las fotografías de rigor, además de contemplar las obras naturales a ojo desnudo. La vista era maravillosa hacia todos lados, desde el glaciar que estaba bajo nuestros pies, hasta las distantes montañas que nos miraban desde la lejanía.

A pesar del panorama frente a nuestra vista, no estuvimos mucho tiempo en la cima: la temperatura era baja y el viento rápido, mezcla que no es buena para mantener la temperatura del cuerpo en sus niveles más óptimos. Por ende, decidimos bajar.

[Punto aparte es que allá arriba nos encontramos a nuestro amigo "el ermitaño", mirando fijamente hacia el glacial. Luego de intercambiar un par de palabras, lo dejamos en su introspección y nosotros descendimos].

La bajada fue más rápida que el ascenso, pero no por eso menos entretenida. Además, a medida que el sol bajaba para esconderse, nos brindaba un cielo de tonos rojizos que entregaba un escenario fantástico para admirar mientras descendíamos.

Terminada la ruta, llegamos al vehículo, nos sentamos un momento para corroborar que todos estábamos satisfechos con la salida y luego hicimos todos los preparativos para el regreso.

Estando todo en orden, emprendimos retirada. El primer tema de discusión a la vuelta fue dónde parábamos a comer y cuál iba a ser el menú. Luego la conversación fue derivando a temas menos ortodoxos, pero no por ello poco interesantes.

Pasamos nuevamente a visitar a Carabineros en Melipeuco, esta vez para reportar que todo salió excelente.

La elección del lugar en donde pasaríamos a llenar combustible (para el cuerpo) fue Temuco. Estábamos en la capital regional a eso de las 20:00 hrs., y aquí paramos a recargar energías del cuerpo y el alma, con más charla, comida generosa y brebajes ancestrales.

Y esa es la historia de este pequeño grupo: una salida inicial con buen clima (meteorológico y humano) y mucho aprendizaje (montañístico y de la vida misma)

Asistieron: Andrés Curilén, Pablo Heuser, Andrés Huirilef, Bastián Osses y Elías Vilches Fotografías: Todos los asistentes

Nota: También iban a asistir Javier Vidal y Sandra Ávila, pero lamentablemente no nos pudieron acompañar en esta ocasión ¡Ya coincidiremos en otra salida, compañeros!

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