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Iniciamos la salida de Temuco relajaditas y relajadito tipo 16:30 del día sábado 10 de junio, acomodándonos como pudimos adentro del vehículo de Claudio, amontonando mochilas al lado de nosotras, por la pura pereza de no ponerlas en el techo del Vitara. Lo positivo: más juntitas y abrigaditas, así no se pasa frío, porque en realidad la tarde estaba bien helada, lo que hacía presagiar lo que ya habíamos averiguado antes de salir: sería una noche muy fría; uno de los pronósticos arrojaba que alcanzaría los -12 °C. Luego de una pequeña parada en Curacautín para abastecernos de pilas para las frontales, llegamos a Malacahuello tipo 18:30 y luego de unas vueltas exploratorias por el caserío para recordar dónde estaban los señores Carabineros, dimos con el retén, para dar aviso como corresponde de nuestra salida.

Luego, comenzamos a subir hacia el sur, cruzando el puente del Río Cautín, para desviárnos luego hacia la derecha para ingresar al sector Alto Centinela por un camino en mal estado, pero nada que no pudiera superar el Vitara. De pronto, el camino empeoró y tuvimos que instalar las cadenas. Un poco más allá, luego de cruzar un portón, ya había una gran cantidad de nieve y bajo ésta agua que cruzaba el camino, por lo que al vehículo le fue imposible seguir más arriba. Con la esperanza de que hubiésemos tomado el camino correcto, decidimos armar campamento en ese lugar. 

 

Rápidamente nos abrigamos un poco más, dado que nos esperaba una noche helada y armamos campamento, cenando al interior de nuestras carpas. Con un frío del terror, que calculamos en los -5 °C, nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente, nos levantamos contentos y con día espectacular, completamente despejado, desayunamos y comenzamos la caminata 10 minutos antes de las 8 de la mañana. Sabíamos que debíamos verificar el camino. Teníamos presente que nos faltó un portón más que cruzar para estar en la ruta correcta, sin embargo, disponíamos de GPS con la aplicación Oruxmaps, donde teníamos una ruta referencial que debía empalmar luego con la nuestra, así que no debía ser complicado orientarnos. Comenzamos siguiendo las marcas amarillas en los árboles, pero luego de un rato, el camino se abría en varios brazos, por lo que dejamos de verlas. Tuvimos que cruzar “a lo derecho” un quilar cubierto de nieve que representó un retraso, por la dificultad de los hundimientos con cada paso que dábamos, pero finalmente retomamos las marcas del sendero. Ya faltaba poco para la salida del bosque.

Pasando por unas fuertes pendientes, logramos salir del bosque divisando la cumbre norte de la Sierra y preguntándonos si lograríamos alcanzar la cumbre verdadera. Sin pensarlo más, seguimos avanzando para enfrentar pronto el filo de la Sierra. A esa hora ya pegaba fuerte el sol.

A medida que avanzábamos por el filo, nos dimos cuenta que había demasiado hielo y ya cada paso debía hacerse con más precaución. Además, se sentía algo de viento que hacía aumentar la sensación de exposición propia del filo. Pronto decidimos ponernos los crampones.

 

Seguimos el avance estimando que nuestro tiempo era escaso y que todavía nos faltaba un buen trecho que recorrer. Llegó el momento de evaluar la situación, enfrentar nuestra escasez de tiempo y poner límite de hora a nuestro avance, con la certeza de que no alcanzaríamos la cumbre. Había que considerar que en horario de invierno el sol desaparece temprano y la oscuridad hace que los riesgos a los que nos vemos enfrentados aumenten exponencialmente. Fijamos las 13:45 para detenernos y regresar. Fue así que llegamos justo antes del portezuelo y nos detuvimos para contemplar la belleza del lugar, comer algo y regresar con tranquilidad.

 El regreso por el filo fue tranquilo con mucha precaución y al entrar al bosque nos enfrentamos a nieve blanda que nos hacía hundir mucho más que cuando íbamos subiendo, lo que significó bastante trabajo de piernas.

 

Llegamos a desarmar campamento a las 17:00 aproximadamente, con los últimos momentos de luz.

Bajando en el vehículo ya, nos dimos cuenta que había una bifurcación hacia la derecha (izquierda de subida) que probablemente era el camino que debíamos haber seguido con el vehículo para poder llegar a un punto más alto y lograr la Sierra en menos tiempo.

Participaron: Romina Moscoso, Isa Hernández, Karen Tillería, Claudio Gómez

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