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El cerro de destino se encuentra en el cordón que separa los valles de Pehuenco y Tralilhue, en la comuna de Lonquimay; no tememos certeza bien de su nombre, en la pagina andeshandbook figura como “Piedras Lajas”, mientras que un lugareño nos indicó que era Liugo (Yugo), en todo caso, el cerro se encuentra en las coordenadas 38°29’56.70’’S – 70°57’40.10’’O.

Un valle en esta zona cordillerana, es sinónimo de vida, de veranadas, de sacrificio y hospitalidad; allí pasan una buena parte de su vida familias completas que generación tras generación, como herederas naturales de estas tierras, pastorean sus ganados y recolectan el piñón, fruto típico de la araucaria, comenzando el otoño. Acá la flora la constituye principalmente el coirón, y árboles como el ñire, coligüe y araucaria.

Salimos de Temuco a las 16:40 del día sábado 8 de abril, tras algunas vueltas y esperas en la ciudad. La siguiente parada fue en el cuartel de carabineros de Lonquimay, para informar de nuestra salida, entregando la nómina de personas participantes de esta salida; ya estaba oscuro a la hora de nuestra pasada, por lo que con sorpresa preguntaronen el cuartel poliacial, según nos relató, Isa que el carabinero de turno le preguntó…”¿y ustedes para donde van?!!”. Realizado este procedimiento, continuamos por el camino internacional, hasta el cruce con el camino que conduce al valle de Pehuenco, allí nos despedimos de Mariana, socia del club que viajaba con nosotros hasta ese punto, donde vive su familia.

Siendo más de las 20:00hrs, nos internamos por un camino ripiado en buenas condiciones, el que tenía más de algún desvió donde era muy fácil extraviar el rumbo, si el camino se desconoce.

Llegamos al punto de campamento, sector perteneciente a la familia Reumay, donde cada cordada instaló su carpa y procedimos a preparar la cena, compartiendo mates y navegado. La noche muy fría, completamente despejado y una magnifica luna llena. Nos fuimos a dormir para comenzar la jornada a las 7 de la mañana.

La jornada comenzó con mucho frio, todo estaba escarchado, carpas, vehículos y todo lo que nos rodeaba, pero a medida que comenzamos a caminar el frío fue pasando, nos internamos hacia el oriente, por una huella de animales bien marcada, la que nos condujo al sector de veranada a los pies del cerro, desde allí la ruta es clara, y parte del cerro queda a la vista, en este sector hay que dar algunos rodeos producto de los ñires.

El último tramo, ya no tiene vegetación y es posible apreciar todo el cordón montañoso que separa los dos valles. Una vez en el filo que conduce a la cumbre, tomamos algunos resguardos, como el abrigo y casco, pues el filo es angosto, expuesto y está formado por piedras lajas bastante filosas.

La cumbre es el montículo final del cordón, donde tomamos algunas fotografías y luego emprendimos regreso al campamento.

 

 

Antes de nuestra partida pudimos conversar con un miembro de la familia Reumay, que llegaba hasta la casa de veranada, la que ya se encontraba sin moradores dada la época del año. Compartimos unos momentos con él, en grata conversación, y nos aclaró que el cerro al que fuimos, los lugareños lo llaman Liugo.

 

El tiempo total de recorrido desde que salimos hasta nuestra llegada, es de aproximadamente 5 horas. Con tiempo de sobra, almorzamos, descansamos y partimos el viaje de regreso, pasando por Mariana, quien nos esperaba con piñones cocidos, mate y zopaipillas, que mejor!

Participaron de la actividad: Romina Moscoso, Isa Hernández, Erwin Vásquez, Victor Huicatripai, Karen Tillería, Claudio Gómez

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Rutas: andeshandbook.org

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